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¿Hacia un Modelo verosímil y posible de VR?
(Cuestionamientos y perspectivas de y desde la inculturación)
José Bayardo, msps
3º Teología - IFTIM
«[...] nacido de mujer, nacido bajo la ley» (Gal. 4,4)
«Caminante no hay camino... se hace camino al andar»
La VR se halla en un contexto de cambios, comenzando por el hecho que dicho contexto es más un "cambio de época" que una "época de cambios". Se trata de un cambio no superficial, sino radical y que coloca a la VR en una situación totalmente nueva. No existe un paradigma definido al respecto, pero es notorio que ha ocurrido una alteración en el lenguaje, la cosmovisión, la vida y teología que subyacen y que se desarrollan en el campo de la VR. Hoy en día se habla de profetismo, consagración, inculturación, refundación, etc.; se insiste en el compartir la vida, la comunidad, la pluralidad y el diálogo, en la opción por los marginados ; se busca superar relaciones hieráticas dentro de las estructuras comunitarias y congregacionales, así como la búsqueda de la comunión entre las distintas generaciones y formas de concretización de la misión constituye una prioridad en muchas congregaciones, pues hay quienes no pueden avanzar al mismo ritmo, quienes van -o quisieran ir- a la vanguardia y quienes ven con reticencia, escepticismo y/o cierta indiferencia los cambios.
Ante tanto movimiento cabe todavía preguntarse ¿qué es lo que permanece? ¿Qué es lo que queda o quedará entonces de la VR? ¿puede la VR seguir siendo igual y construyéndose sobre las mismas bases sobre las que se ha venido construyendo? ¿es humana y cristianamente adecuado que proceda y continúe con la tradicional comprensión que ha tenido de sí misma y de sus formas y fundamentos? No pocas veces cuestionamientos de esta índole conducen a más de alguno a la crisis, pues pareciera que al tocar y trastocar sea las formas o sea los fundamentos, la referencia a la verdad y autenticidad de lo vivido-efectuado como religiosos/as y la posibilidad de su sentido desaparecen del horizonte de credibilidad y de verosimilitud .
La poca claridad de caminos y certezas, aunados a lo mucho que está en juego y en movimiento, nos remiten a lo decisivo que resulta volver a la experiencia de la VR, la cual es tradición y carisma, comunitariedad e individualidad, trascendencia e inmanencia, historia e interpretación, sistema y crítica, y muy particularmente, humanidad (y no LA humanidad, y mucho menos EL MODELO de la humanidad), a fin de que podamos no rehacer el camino, sino -parafraseando la famosa expresión "se hace camino al andar"- «hacer los nuevos caminos como nuevos caminantes», sin por ello dejar de sentirnos y descubrirnos parte de una comunidad histórica y en la historia como lo es la VR, y como lo es la humanidad misma. En síntesis, se trata de «hacer los caminos de nuestro tiempo como caminantes de nuestro tiempo».
VR y humanización
Si al constatar lo que está sucediendo con la VR los mismos que tratamos de vivirla nos cuestionamos sobre si valdrá la pena, si tiene algún sentido, qué futuro tiene, etc., cuánto más será suspicaz la mirada de un "observador externo" a ella. Y es que si se mira bien, resalta a la vista que en varios aspectos la VR está "desfasada" culturalmente -aunque no necesariamente sea un rasgo negativo sí es digno de ser considerado con seriedad- e inclusive desfasada hasta existencialmente. Esto no quiere decir que no haya puntos en común o de encuentro entre la VR y el resto de la humanidad, y mucho menos que deba de adecuarse completamente al resto de la humanidad -proyecto por demás imposible-, sino que hay dimensiones y situaciones de la existencia humana contemporánea que se viven de modos distintos y algunas que -dentro de la VR- simplemente no se viven . Posiblemente se puede argüir que es parte de la diversidad y de la pluralidad, e incluso hasta normal. Nada de esto se pretende discutir, pero lo que sí puede ser criticable es la validez de tal situación y de sus fundamentos, ambos por sí mismos y en función de un desarrollo más humano de las personas consagradas.
Así pues, emprender una labor apologética a un mero nivel especulativo sería complicado y arduo, pero posible, aunque no suficiente. Actualmente la insistencia en la experiencia -convicción propia del tiempo si se quiere, pero de cierta validez- expresa que una crítica de la VR que pretenda ser pertinente, de modo especial en la postmodernidad, ha de recorrer en algún momento esta vereda constituida por lo que la VR ha ido generando en los religiosos y en cuantos han entrado en contacto y comunión con ellos; en ella será más visible qué humanidad la VR ha ido engendrando.
Este es una reelaboración de un anterior trabajo sobre «Inculturación-encarnación de la VR en un mundo pluricultural», presentado en la semana de reflexión teológica de octubre de 2005.
Alteración no en sentido peyorativo, sino conforme al significado más ligado a la palabra latina alter , la cual expresa un aspecto diferente de una misma realidad de dos caras sin ser dual, aspecto que le pertenece y no es externo, y sin ser por ello forzosamente dialécticos. (vgr. Las dos caras de la moneda).
También la opción por los pobres se ha desplazado hacia una visión más abierta e inclusiva de las distintas formas de marginación y exclusión.
Decisivo en cuanto a que es cuestión de decidir, de optar, y no como si tuviera un dramático peso existencial que ha de marcar fatalistamente el camino de la VR.
Sería largo mencionar toda la gama de experiencias que "separan" la vida de un consagrado/a de la de cualquier otra persona, mas por cuestión de claridad se pueden mencionar la distribución del propio tiempo; los modos de descanso y de elaboración del proyecto de vida; la vida conyugal o cuando menos la experiencia de exclusividad afectiva más o menos prolongada; la paternidad/maternidad; vivir y gozar directamente del fruto del propio trabajo; llevar una vida "normal" (aunque la expresión no sea muy feliz), etc. Aclaro que con estos ejemplos no se pretende generalizar.
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