EL ENCUENTRO
Clave de lectura y revitalización de la Vida Consagrada hoy
Si queremos una Vida Consagrada que sea una alternativa a la actual necesitamos colocar en el centro de nuestras opciones la palabra, la perspectiva y la dinámica del encuentro. Los encuentros que nos llevan a lo más sublime y nos sumergen en lo más cotidiano necesitan realizarse, en «la tienda del encuentro». Nos lo dice Moisés, un gran místico y un gran profeta (Ex 33,7) que consiguió que el pueblo de Israel se encontrara cara a cara con Dios y entre si.
Los encuentros son una realidad clave en la historia de cada uno de nosotros, de la VC y de la Iglesia cuando se trabaja por el Reino. También lo son en la historia de la humanidad. Encontrarse es parte del código genético del ser humano y del cristiano. Es tarea y es gracia para la VC hoy. Por supuesto, los encuentros llevan a cambios en el campo de la espiritualidad, la misión, la forma de vida y las estructuras.
La palabra "encuentro" ha sido también la palabra clave para leer el mensaje de fondo y el acontecimiento mismo del Congreso mundial del 2004. El Congreso fue un encuentro con el Señor; marcado por la frescura del evangelio y el vino nuevo del Reino. Solo así se entiende la propuesta central y revitalizadora del mismo.
La VC tiene que acertar a pasar del encuentro a los encuentros. Para comenzar bien todo tiene que partir del Pozo de Sicar, del encuentro de Jesús con la Samaritana y llegar hasta la Posada del buen samaritano y allí encontrarse con el herido. Si hacemos esto viviremos abundantemente.
Es, también, la palabra clave para entender un capítulo general, provincial o la vida diaria de una comunidad religiosa. Un capítulo es, sobre todo, un encuentro y a veces un reencuentro. Si en él no se da un encuentro de los "ánimos" de los participantes difícilmente un Capítulo producirá buen fruto. Más aún, tiene que ser vivido como un encuentro y como multiplicador de encuentros. Lo menos que podemos decir es que se convierte en la ocasión privilegiada para que los integrantes de una Congregación se encuentren; para que se escuchen y dialoguen, se concilien y reconcilien. Es a través de la palabra de los otros que nos llega la Palabra de Dios. Esto no quiere decir que en un Capítulo no aparezcan tensiones entre las diversas tendencias. Aparecerán. Más aún, esta diversidad y esta complementariedad están en el origen de la riqueza del mismo Capítulo. Como en cualquier situación semejante el desafío no consiste en hacer desaparecer la tensión sino en vivirlas en la caridad y de tal modo que generen luz y energía.
No conviene olvidar algo que fue un acento, tímido pero constante del Congreso. Se nos hizo caer en la cuenta de que en el mundo y en la Iglesia se dan ciertas situaciones de exclusión y no hemos de dejar de analizarlas y corregirlas. Incluso se habló en algún grupo de situaciones de este tipo en nuestras propias Congregaciones. La coherencia nos obliga a asumir este desafío y a buscar el modo de darle una respuesta que integre los valores que anunciamos y por los que luchamos en nuestras sociedades. La necesaria inclusión pasa por el auténtico encuentro.
Del encuentro
Encuentro es la creación y lo es la encarnación. Cristo vino a encontrarse con nosotros. Pascua fue y es encuentro: con la vida y con Cristo resucitado; Los que van creyendo en él se hacen cristianos y se encuentran para hacer oración, para compartir el pan y para ayudar a los pobres. La plenitud del encuentro llega en Pentecostés. Es la fiesta del encuentro con todos, el que supera las diferencias y las diversidades y hace posible entenderse y darse los unos a los otros.
Continúa lectura...
|