Martes 17 de octubre del 2017

Mensaje de los Superiores desde Panamá

MENSAJE DE LA XLIV ASAMBLEA DE SUPERIORES MAYORES, DELEGADOS Y DIRECTIVAS DE LAS CONFERENCIAS NACIONALES A LA VIDA CONSAGRADA DE MESOAMÉRICA.
 
“En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede vislumbrar el reino de Dios” (Jn 3, 3).
 
 
Reciban nuestro afectuoso saludo desde la ciudad de Panamá, donde nos hemos congregado en la XLIV Asamblea anual de Superiores Mayores, Delegados y Juntas Directivas de las conferencias nacionales. Queremos comunicarles algo de la rica experiencia que hemos vivido como hermanos y hermanas compartiendo nuestros gozos y esperanzas, tristezas y angustias. Con el deseo de avivar el don de Dios que hay en ustedes (2 Tim 1, 6), les enviamos este mensaje.
 
En estos días la Ruah nos ha acompañado, pues al igual que la primera comunidad cristiana hemos tenido un mismo pensar y un mismo sentir (Hch 4, 32). Como bien saben, el tema que nos ha convocado en esta asamblea ha sido “Reconfiguración y resignificación de las estructuras de la Vida Consagrada”. Hemos sido acompañados en este proceso de búsqueda y reflexión por nuestra hermana Cristina Robaina, integrante del Equipo de Asesoría Teológica de la CLAR y del CELAM, que con buen tacto, sabiduría y una metodología participativa nos ha ido llevando a interiorizar y a dejarnos interpelar sin temor sobre las implicaciones concretas que conlleva todo proceso de auténtica resignificación y reestructuración.
 
Partimos de un análisis de coyuntura, fijándonos en los elementos que marcan la realidad mesoamericana y qué desafíos nos plantean a la Vida Consagrada. Nos cuestionamos respecto a qué postura personal y comunitaria podemos adoptar frente a la realidad: aversión, diversión, subversión o conversión. La actitud y el compromiso nuestro como Vida Consagrada es la de quien supera la indiferencia y busca convertirse y transformar la realidad hacia los valores del Reino. 
 
La coyuntura actual que vivimos en Mesoamérica, nos desafía a:
 
Recuperar el sentido de la vida, pues el sistema nos lleva a vivir sin metas, sin ilusión. 
Despertar el sentido de responsabilidad y cuidado de la vida y la casa común.
Cultivar una ética comunitaria: cuidar la fragilidad del otro.
Formación crítica y búsqueda del bien común. 
Fortalecer los movimientos que luchan por la justicia y la paz y reconstruir el tejido social.
Fortalecer el sentido de cuerpo y el trabajo en red. 
Mantener la esperanza y la utopía del reino, siendo signo profético. 
 
En nuestro trabajo evidenciamos también algunas de las tensiones que desencadena todo proceso de reconfiguración, entre las cuales destacamos la tensión:
 
de la pregunta sobre qué es lo esencial y que es lo relativo del Carisma;
entre proyecto personal y proyecto comunitario;
de los conflictos interpersonales en las comunidades;
por el manejo de los bienes económicos;
entre la seguridad y lo nuevo desconocido; obras viejas a cerrar y nuevas a abrir;
entre cómo distinguir cuestiones de personalidad y rasgos culturales;
que se deriva del uso de la tecnología y los desafíos que implica;
de lo intergeneracional y la apertura a las nuevas vocaciones;
que genera el machismo y el clericalismo en la sociedad y dentro de la Iglesia;
por la institucionalización y el sacramentalismo en la Iglesia;
entre eurocentrismo y una Vida Consagrada desde nuestras culturas;
 
En medio de las tensiones, constatamos que estamos en un kairós, en un tiempo de gracia para la vida consagrada mesoamericana. Con agradecimiento volvemos nuestra mirada a las distintas manifestaciones de este kairós; especialmente, la memoria de nuestros mártires; nuevos estilos de vida comunitaria y de misión y el surgimiento de congregaciones nativas, lo cual nos desafía a acompañar, discernir e integrar; el clima eclesial que estamos viviendo con el testimonio y las palabras del Papa Francisco, invitándonos a renovar nuestras vidas desde la vuelta a Jesús, la vuelta a los pobres y la conciencia de casa común. 
 
Estamos convencidas y convencidos de que este camino de reconfiguración y resignificación de la Vida Consagrada no lo podemos hacer sin tener claras las coordenadas y la brújula o el GPS que nos orienta: la centralidad de Jesús y la Palabra de Dios; la vuelta a los pobres y vulnerables; la mística y práctica de la misericordia como talante de nuestra vida y misión; y la Visitación de María a Isabel como icono inspirador de una reconfiguración centrada en la clave del encuentro y referente para una vida religiosa en salida hacia las periferias existenciales.
 
Les animamos a cada consagrada y consagrado y a cada Congregación a que como lo hacen María e Isabel, nos vinculemos y  nos motivemos a ser parte activa de nuestras conferencias de religiosas y religiosos y nos articulemos más como región mesoamericana, superando el aislamiento y la autorreferencialidad para dar así un testimonio de comunión y de unidad en medio de un mundo dividido.
 
Ciudad de Panamá, 28 de mayo 2016.