Martes 19 de junio del 2018

La educación de los hijos

En torno a la formación moral y trascendente de los hijos, con la finalidad de orientar a las madres.
Escrito de la Sierva de Dios Martha Christlieb Ibarrola,
fundadora de las Hermanas de la Vera Cruz Hijas de la Iglesia.
 
En materia de Educación no podemos menos de volver los ojos y el corazón a la Carta Encíclica de su Santidad el Papa Pío XI de santa memoria, que comienza así:
 
“A la verdad, nunca como los tiempos presentes se ha hablado tanto de educación, por esto se multiplican los maestros de nuevas teorías pedagógicas, se inventa, proponen y discuten métodos y medios, no sólo para facilitar, sino para crear una educación nueva de infalible eficacia, capaz de formar las nuevas generaciones para la ansiada felicidad en la tierra”.
 
Es que los hombres creados por Dios a su imagen y semejanza y destinados para Dios, perfección infinita, al advertir, hoy más que nunca en medio de la abundancia del moderno progreso materia, la insuficiencia de los bienes terrenos para la verdadera felicidad de los individuos y de los pueblos, sienten por lo mismo en sí más vivo el estímulo hacia una perfección más alta, arraigado en su naturaleza racional por el Creador y quieren conseguirla principalmente con la educación”.
 
La educación intelectual
Es la conveniente formación de la inteligencia. Puede decirse que en un individuo el entendimiento o inteligencia está bien formado cuando éste tiene una cultura general equilibrada, cuando ha llegado a ser justo, consecuente, fino, capaz de observar, reflexionar, juzgar y discurrir sanamente.
 
La educación intelectual requiere condiciones físicas y morales.
 
Son necesarias las siguientes condiciones físicas:

  • El medio en que se vive (que es como la preparación de toda la formación), físico, moral; malo bueno; intelectual, ya sea falso o verdadero.
  • La disposición de los órganos y el cultivo de los sentidos. Los primeros son los instrumentos de los segundos. Dice un axioma: “Nada hay en el entendimiento que no haya pasado antes por los sentidos”.
  • El niño debe saber servirse de sus sentidos para juzgar bien por medio de ellos, encauzándole sus tendencias naturales, como la curiosidad por el espíritu de observación, induciéndolo, sobre todo la madre, a que le pregunte con la verdad, nunca con mentira, aunque no se necesario agotar toda la verdad que ni su mente ni su corazón están preparados para recibir.
  • Instruir al niño es, pues, escuchar todo lo que el niño tiene que decirnos sobre cada objeto, animarlo, a decir lo que más pueda y atraer un poco su atención sobre hechos en que no se ha fijado.

Y así, ir aprovechando cada una de sus tendencias y sus sentidos sobre todo la lengua, dándole siempre ejemplo de una conversación digna, correcta, respetuosa y haciendo que el niño pronuncie bien las palabras con las que quiere expresarse.
 
Esto solo es la base de donde partirá la educación intelectual o instrucción propiamente dicha que abarca un campo muy amplio.
 
La educación moral
Se dice que educar a los niños es crear obras maestras y eternas.
 
Nunca, como cristianos, podremos prescindir del auxilio de la gracia en el difícil arte de educar, y así siempre contaremos con el auxilio divino al tratar de educación del corazón y de la voluntad en lo cual consiste la educación moral, relacionada tan directamente con la educación sobrenatural.
 
La educación moral deberá empezar al propio tiempo que la vida. Desde antes de nacer el niño, la madre cuidará de sus disposiciones morales pues influirán grandemente en el corazón y en el alma de su hijo.
 
Hablando de los derechos de la educación, decimos que ésta es obra personal y obra de amor, he aquí el momento en que la madre puede influir con su amor en la formación de un corazón que tiene muy cerca del suyo. Deberá pedir a Dios por el ser que va a llegar al mundo, para que Él predisponga su inteligencia para conocerlo y su corazón para amarlo siempre.
 
Al llegar al mundo deberá bautizarle, para que cuanto antes sea hijo de Dios y cuente ya con el auxilio divino de la gracia, y así comenzar a formar su alma. Tanto padres como maestros deberán encaminar todos sus actos educativos a procurarle siempre un bien y no precisamente un placer.
 
En la educación todo es cuestión de tacto, del juicio, de corazón; exige más habilidad que fuerza; más espíritu de delicadeza que rigor geométrico; más amor que conocimientos.
 
Dice el P. Duhr, Sacerdote Jesuita:
 
“Después del don de su amadísimo Hijo y del sacerdocio, el mayo honor que Dios haya concedido a los hombres, es permitirles que formen a sus hijos”
 
Educar con el buen ejemplo
Pero la mejor formación moral de los hijos radica en el buen ejemplo que le den sus padres.
 
Tengamos presente que no son nuestro consejo lo que los niños llevarán a la vida. Educar a un niño no es sólo prohibirle a mandarle ciertas cosas: es vivir delante de él una vida que lo invita a vivir semejantemente. Lo mejor para educar a niño es educarse uno mismo delante de él.
 
Verdaderamente el arte de educar es el medio más seguro de santificación.
 
El ambiente moral se impone al niño y se le sigue infiltrando. Los padres tienen el deber de dar ese debido ambiente con el buen ejemplo en sus costumbres y virtudes personales; y también proporcionándoselo con todo aquello que tenga influencia favorable y que rodea a sus hijos, considerándolos siempre templos de Dios, encomendados a su delicadeza, amor y cuidados.
 
La voluntad
La voluntad es la faculta que tiene el alma para determinarse a obrar con conciencia y reflexionar libremente para ejecutar lo que ha resuelto y perseverara en sus ideales.
 
Es necesaria para:

  • Tener resoluciones firmes.
  • Conseguir el desarrollo de la inteligencia.
  • Dar señorío a sí mismos.
  • Asegurar la autoridad.

Solamente una voluntad bien formada puede comprender el valor de la palabra “quiero” para comenzar sin tardanza, continuar y con el mimo empeño llegar hasta el fin.
 
De ahí la necesidad de educar la voluntad y el corazón del niño, para formar en él buenos hábitos con la repetición de actos de virtud: apartarle de las meras ilusiones haciéndole ver y saber que no basta parecer sino ser lo que se parece y que de la intención resulta el valor moral de un acto.
 
La educación sobre todo es la formación de la voluntad, del carácter.
 
La disciplina obliga al niño a un habitual dominio de sí mismo; lo obliga a dominar sus instintos a atar corto sus caprichos, a limitar sus fantasías… Se va a la libertad por la obediencia.
 
De ahí que el niño dependa de sus padres que le preparan los rieles por donde debe y puede caminar con mayor libertad.
 
Educación sobrenatural.
Por educación sobrenatural s entiende, la creación, la iluminación, el sostén, el fructificación y la transformación de la vida humana en vida sobrenatural, por medio de la gracia.
 
Esta educación es tan necesaria y esencial, puesto que es el alma de los otros aspectos de la educación, es el medio de formar al niño para el cielo sobrenaturalizando todos sus actos haciéndole ver que no sólo la vida material y sensible debe ocuparlo, sino que hay en él una vida mucho más noble y elevada que durará eternamente.
 
Educar así al niño es poner en contacto su alma con la grandeza de Dios y despertar en él este nobilísimo sentimiento “¡Soy hijo de Dios! Y como tal debo vivir”.
 
“El fruto de la educación cristiana, declara -Pio XI-, es el hombre sobrenatural que piensa y obra de acuerdo con la recta razón iluminada con la luz sobrenatural de los ejemplo y doctrinas de Cristo Nuestro Señor”
 
Formar a un hombre es una gran tarea, educar un cristiano es una obra aún más bella y sublime.
 
La esencia, importancia y excelencia de la educación sobrenatural estriba en su objeto: Dios. Y en su necesidad: La salvación del alma.
 
Formar constantemente en el niño el deber de profunda gratitud, práctica para con Dios, en una palabra, tratar de formarlo atento y delicado para con nuestro Señor, con esto habremos asegurado su educación sobrenatural, con la cual habremos logrado el ciudadano del Cielo, fin único de nuestra existencia humana.
 
Hna. Guadalupe Ramírez, svcfi

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Miembro de la Red de Educación CIRM